Hola
Voy a estrenar mi participación en este blog, tras las fotos de la expo, para hacer una pequeña crítica, no demasiado constructiva que digamos, sobre un restaurante al que he ido este fin de semana: La Hostería “El Botón del Corregidor” [C/.e Josefa Amar y Borbón, 8]
Vamos por partes, he de especificar que dentro del mismo local cohabitan dos zonas diferentes: abajo la brasería y arriba el restaurante. Voy a hablar de la brasería.
El menú: 24 euros. 6 primeros y 6 segundos (3 carnes y 3 pescados), postre, agua vino y pan incluidos.
Lo primero de todo, el local, un recinto amplio en el que se dan cabida unas veinte mesas aproximadamente. Yo conté 78 comensales más o menos.
Y he aquí el primer problema. En semejante recinto únicamente había dos (si, oís bien, dos) camareros dedicados a servir las mesas. Una tercera persona se decidaba casi en exclusiva a tomar las comandas de las mesas, y luego desaparecía sin dejar rastro.
Acústicamente el local es deplorable, casi no se puede mantener una mera conversación porque el nivel sonoro del recinto roza lo doloroso. Un local de semejantes dimensiones debería de estar lo suficientemente preparado para no tener que gritarte con la persona que tienes enfrente. Pero este detalle también puede deberse a la falta de educación de las personas de tu alrededor.
Pero vamos a lo importante, la comida.
Nada más sentarnos (14:30) pedimos un plato de costillas para mi hija, puesto que queríamos que empezara a comer. Tras esto, tres intentos para que nos dieran la carta, y otros tres para que nos tomaran el pedido.
Otro problema, de las 3 carnes sólo queda 1. El sustituto, en comparación, un simple conejo a la brasa.
Pedimos:
Primero: Ensalada de patata con lechuga tricolor y anchoas de L’Scala
Segundo: Costillar de cerdo en sala caramelizada.
Agua
Vino Viña Albina Crianza (el del menú era Borsao)
Y tras esto, 30 minutos de espera hasta que nos sirven una simple ensalada. Y digo simple porque ni siquiera se dignan a sacarte el aliño; la lechuga, lavada; las patatas no cocidas del todos; las anchoas insípidas y la vinagreta de yo-que-se amarga.
Tras esto y otro buen rato de espera, el segundo. Dos trozos de costilla de cerdo de 2cm de grosor, o sea, 2 costillas por trozo, de una carne infumable, fria, dura,… vamos de lo más malo que he comido en mi vida. Lo único que se salvaba era la salsa, que por otro lado era bastante escasa.
Y para rematar, el postre. Yo, un sorbete de mandarina. Normal, nada del otro mundo. Pero mi hermano se pide una “Repostería casera El botín”. Y van y le sacan…!!un flan con nata!! Señores, eso ya es la bomba. Dónde se ha visto que eso sea repostería. Reto a cualquiera a que vaya a una pastelería y pida repostería casera, a ver qué le dan. Seguro que un mísero flan no…
Así que, depués de quejarnos del postre, que ya era lo último, pedimos la cuenta. Y encima nos intentan colar un cochinillo asado en vez de las costillas de mi hija… Total, que tres menús y un plato de costillas casi 100 euros.
Claro, ahora ya me parece más acertado el nombre del “restaurante”: El botín del corregidor. El botín se lo lleva el dueño, a base de engañar a la gente que va a comer (o a intentarlo) a su garito.
En fin, espero que a nadie que se le ocurra leer este post se le pase por la cabeza ir a semejante garito, porque lo único que va a conseguir es hacer mala leche.
Lo que es comer, desde luego que no.
Hala, he dicho